domingo, 20 de enero de 2013

Sol y frío

El viernes al salir del estudio ya era todavía de día.

Ya

Ya hay una hora más de luz que el primer día que pisé tierra noruega. Sólo han pasado 18.

Todavía

Todavía puedo dormir por las mañanas, pero pronto tendré que acostumbrarme al antifaz de actriz  en sus horas bajas.

La ola de calor pasó, y los cero grados se convirtieron en -12 cuando aprieta el sol.

Mr. Stevens Sr. queda relegado a la categoría de aficionado.



sábado, 12 de enero de 2013

Aterrizaje


¿Aquí voy a vivir? No está mal.

Llego a casa: techos altos, un salón para bailar un vals, una cocina espaciosa, una habitación toda de color blanco. Un pintor que vive de lo que le gusta, una diseñadora de una futura línea de abrigos noruegos para caballeros, una loca viajera ingeniera.

Escuchamos música sefardí. Al día siguiente unos villancicos, y al otro unos clásicos del jazz.

Con Ella Fitzgerald de fondo unas copas de vino aliñan la primera cena en familia. Cavernet Sauvignon californiano, en tetra-brick de 5 litros.

Llaman primera planta a la planta baja, y así consecutivamente. No obstante con los techos tan altos me creo que vivo en un tercero. No hay noruegos gordos. No cocinan ni comen demasiado, y hacen mucho deporte. Y cuando se acaba la Navidad tiran el árbol por la ventana.

Se podría decir que estoy cómoda.