¿Aquí voy a vivir? No está mal.
Llego a casa: techos altos, un salón para bailar un vals, una cocina espaciosa, una habitación toda de color blanco. Un pintor que vive de lo que le gusta, una diseñadora de una futura línea de abrigos noruegos para caballeros, una loca viajera ingeniera.
Escuchamos música sefardí. Al día siguiente unos villancicos, y al otro unos clásicos del jazz.
Con Ella Fitzgerald de fondo unas copas de vino aliñan la primera cena en familia. Cavernet Sauvignon californiano, en tetra-brick de 5 litros.
Llaman primera planta a la planta baja, y así consecutivamente. No obstante con los techos tan altos me creo que vivo en un tercero. No hay noruegos gordos. No cocinan ni comen demasiado, y hacen mucho deporte. Y cuando se acaba la Navidad tiran el árbol por la ventana.
Se podría decir que estoy cómoda.

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