sábado, 16 de noviembre de 2013

Del tiempo (en sus dos acepciones)

Tras el éxtasis veraniego, un trabajador del servicio de limpieza recogía un martes por la mañana ahora un papel, ahora una colilla. La democracia nórdica equipa a sus peones con pinzas telescópicas para que una tarea desagradable no lo sea tanto. Oslo: última tecnología aplicada a todos los estratos de la vida. Olvídese del cepillo. Recoger chicles ya no es un trabajo no cualificado. Con mimo y cierta dosis de pericia el trabajador recogía los desperdicios de un ejército de cinco meses de vasos de plástico, envoltorios y tíquets (y colillas). Una hormiga municipal representando en solitario la tragicomedia oslense.
Pienso que la pinza telescópica tiene una razón de ser. El breve -y maravilloso- otoño ha dejado cunetas de hojas en technicolor que se mezclan con los envoltorios de helado y hacen imposible su separación para un correcto reciclado. La solución se interpone entre el legislador y su objetivo: pronto plásticos y envases serán sepultados bajo la nieve sin separar de la materia orgánica, sin mediar palabra, sin remedio.

sábado, 29 de junio de 2013

Algo

Tiendo a fijarme mucho en las caras que me rodean. A veces me descubro llevando a cabo escrutinios que cruzan sobradamente la linea de la buena educación; en mi defensa he de decir que es inconsciente.
Una de las cosas que el exilio me ha impuesto es la necesidad imperiosa de descubrir rasgos comunes en las personas que comparten nacionalidad. Puedo pasar mucho tiempo pensando en qué es eso.
Quizás a otros les parezca irrelevante, pero encontrar ese rasgo es una especie de ejercicio mental muy interesante que en mi caso es a la vez imposible de evitar.
Aquí no ha sido diferente y ese algo que comparten muchas noruegas me recuerda mucho al gesto gatuno de Natalie Dormer. Llevada por la fiebre del queserá, he googleado todo lo que he podido y he encontrado foros de gente friki de lo mío que tampoco se explica que sea británica, si no fuera por los genes que dejó en las islas algún vikingo conquistador (en el más amplio sentido de la palabra).

sábado, 1 de junio de 2013

Estereotipos I

El oslense medio circula cabizbajo, no se sabe si debido al peso de los auriculares o al magnetismo de las 4 pulgadas que aloja en el hueco de la mano. En la parada del tranvía podríamos observar, desde una cierta perspectiva, que la distribución de noruegos diseminados en la plataforma es tirando a homogénea. Cada nuevo inquilino encuentra de forma natural la equidistancia a los ya existentes para sumergirse en el opio digital con la seguridad que aporta un espacio personal holgado. Transitando por dichas plataformas uno se puede sentir atrapado en un capítulo de Charlie Brooker.

La luz del sol les cautiva, como es normal entre los habitantes de tierras donde es un bien escaso; pero nunca tanto como el resplandor de un nuevo Iphone.


domingo, 14 de abril de 2013

Primavera otoño


La primavera no termina de parir. No es de momento más que un otoño prematuro y feo. Ha venido esta primavera mal formada que no acaba de ser primavera. El gris del asfalto sucio y de las aceras se refleja en el cielo, o viceversa; es difícil discernir porque todo es gris: la luz gris, la hierba medio podrida gris y los restos de nieve gris, o más bien negra.

Esta larga gestación arrastra meses de cunetas repletas de nieve sucia y basura diversa, colillas que emergen por doquier y que dibujan una ciudad-cenicero incomprensible. El civismo nórdico tampoco alcanza aquí al fumador. La grava se mezcla inútil ya en las esquinas con papeles, pitillos, plásticos y toda suerte de majaderías caídas de bolsillos durante siete meses.

El servicio de limpieza comienza a organizar ahora una especie de jornadas intensivas para desintoxicar la ciudad. Se cierra calle por calle y probablemente aparezca un equipo de expertos ataviados con escafandras para sumergirse en tamaña tarea.


Actualización:

No hay como mentar al diablo: la ciudad ya ha roto aguas. Primera lluvia del año, arrastrando tóxicos diversos y ríos de espuma blanquecina de la que alejarse parece lo más sensato. Tres paraguas, uno de ellos el mío, me he cruzado bajo el diluvio. Quizás los noruegos echen en falta el agua tanto como idolatran el sol; o quizás, como tantas otras cosas, y perdonen la expresión, se la suda que llueva.

domingo, 7 de abril de 2013

domingo, 24 de febrero de 2013

Las aceras


Esta mañana de domingo se ve así desde el balcón de nuestra casa. Cortinas de luz pálida nos separan del fiordo.

Existe aquí una extraña adicción a las velas y los candiles de toda clase, quizás relacionada con la falta de calor y luz durante el invierno. Muchas tiendas tienen una vela o lámpara de aceite a cada lado de la puerta, en la calle.

A veces se ven en la acera los restos de una fortuita patada en forma de salpicaduras, generalmente color frambuesa, de cera congelada.

Algunas aceras están también cubiertas de sucesivas capas de hielo producto de la nieve pisada, el deshielo y y el re-hielo. Caminar por la calle tiene su técnica. Uno se va haciendo conocedor de los distintos tipos de suelo resbaladizo que se puede encontrar y sus cualidades. El hielo grisáceo agujereado por la suciedad; la nieve helada y sus diversos grados de adherencia; el hielo pulido disfrazado con una aparentemente inofensiva capa de nieve. Este último es el peor y no conviene acercarse.

Los coches cada día hacen más esfuerzo por aparcar y desaparcar. En algunos casos he visto desistir a sus conductores cuando el montículo de hielo a atravesar empieza a no poder llamarse montículo, sino quizás, loma, monte o montaña. Bien es cierto que no hay que pelear mucho por un hueco para aparcar en Oslo, y probablemente el tiempo es más valioso.

Pero en suma, la primavera se acerca. Dicen aquí. Y yo, pensando que en mi tierra hace frío hasta el cuarenta de mayo, desconfío.

domingo, 20 de enero de 2013

Sol y frío

El viernes al salir del estudio ya era todavía de día.

Ya

Ya hay una hora más de luz que el primer día que pisé tierra noruega. Sólo han pasado 18.

Todavía

Todavía puedo dormir por las mañanas, pero pronto tendré que acostumbrarme al antifaz de actriz  en sus horas bajas.

La ola de calor pasó, y los cero grados se convirtieron en -12 cuando aprieta el sol.

Mr. Stevens Sr. queda relegado a la categoría de aficionado.