Tras el éxtasis veraniego, un trabajador del servicio de limpieza recogía un martes por la mañana ahora un papel, ahora una colilla. La democracia nórdica equipa a sus peones con pinzas telescópicas para que una tarea desagradable no lo sea tanto. Oslo: última tecnología aplicada a todos los estratos de la vida. Olvídese del cepillo. Recoger chicles ya no es un trabajo no cualificado. Con mimo y cierta dosis de pericia el trabajador recogía los desperdicios de un ejército de cinco meses de vasos de plástico, envoltorios y tíquets (y colillas). Una hormiga municipal representando en solitario la tragicomedia oslense.
Pienso que la pinza telescópica tiene una razón de ser. El breve -y maravilloso- otoño ha dejado cunetas de hojas en technicolor que se mezclan con los envoltorios de helado y hacen imposible su separación para un correcto reciclado. La solución se interpone entre el legislador y su objetivo: pronto plásticos y envases serán sepultados bajo la nieve sin separar de la materia orgánica, sin mediar palabra, sin remedio.
Pienso que la pinza telescópica tiene una razón de ser. El breve -y maravilloso- otoño ha dejado cunetas de hojas en technicolor que se mezclan con los envoltorios de helado y hacen imposible su separación para un correcto reciclado. La solución se interpone entre el legislador y su objetivo: pronto plásticos y envases serán sepultados bajo la nieve sin separar de la materia orgánica, sin mediar palabra, sin remedio.

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